lunes, 21 de septiembre de 2015

TALLER DE COMUNIDADES MARINAS. Transmitiendo Conocimiento sobre la maravillosa vida de las Costas y Mares.



Durante los pasados 5 y 6 de septiembre se realizó en las instalaciones del Colegio de Abogados de Barquisimeto, estado Lara, el 1er  Taller de Comunidades Marinas, dictado por Anaurora Yranzo y Freddy Bustillos pertenecientes al staff de investigadores de Biocostas S.C. contando con el apoyo del Centro de Investigación y Atención Comunitaria de la Fundación para la Defensa de la Naturaleza (CIAC-FUDENA). El taller estuvo dirigido a integrantes del club de buceo deportivo MasterSub del estado Lara.


Diez horas de contenido teórico fueron distribuidas en 5 módulos:

I. Introducción a los Ambientes Marino-Costeros
II.  Manglares y Pastos Marinos
III. Arrecifes Coralinos. Fauna Bentónica: Corales, Esponjas y Octocorales
IV.  Los Organismos. Adaptaciones al Ambiente Marino
V.  Áreas Naturales Protegidas Marino-Costeras



Durante los dos días en los que se impartió el contenido teórico del taller, los participantes obtuvieron valiosos conocimientos sobre la dinámica e importancia de los ecosistemas marinos, además de despertar aún más su interés en las maravillas del mundo marino.

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1. Los alegres participantes; 2. Presentación de Anaurora Yranzo; 3. Presentación de Freddy Bustillos; 4. El grupo, de izq a der sentados: Karina, Gustavo, Marycarmen, July, Juan, Edner; de pié: Miriam, Delisa, Nancy, Alfredo, Rosmary, Daesy, Naila, Luiday, Mialgros, Ana, Mercedes, Freddy.

El día 12 de septiembre, el grupo de MasterSub se trasladó hasta la comunidad de Chichiriviche, en la Costa Oriental de estado Falcón, para la ejecución del componente Práctico del Taller, concerniente en una visita guiada al Parque Nacional Morrocoy, específicamente a Cayo Peraza, ubicado en la zona norte del parque.

Imagen Satelital parcial del P.N. Morrocoy Norte y el pueblo de Chichiriviche

1. Penisula de Varadero

2. Bajo de Pelón;

3. Cayo Muerto;

4. Cayo Sal;

5. Cayo Borracho;

6. Golfete de Cuare;

7. CAYO PERAZA

A tempranas horas de la mañana nos trasladamos desde el Embarcadero Playa Norte, ubicado en el Malecón de Chichiriviche, hasta Cayo Peraza a poco menos de una milla náutica (nm) de la costa. Afortunadamente, contamos con excelentes condiciones meteorológicas observando el mar como un “Plato”, tranquilo y transparente.

Ruta a Cayo Peraza. 1. Embarcadero Playa Norte; 2. Cayo Peraza

Luego del desembarque en Peraza se procedió a explicar a los participantes el adecuado uso de los equipos de Buceo Autónomo, como parte de su primera experiencia en esta disciplina, lo que se conoce como Discovery, ya que aun cuando todos son apneistas entrenados, solo 7 de los integrantes del grupo son Buzos Certificados.



El grupo fue dividido en 3 sub-grupos:

Los Thalassios
Los Plancton
Los Termoclinos

Con cada sub-grupo por separado, guiados por Ana Yranzo (Dive Master PADI) y con la asistencia de los participantes certificados presentes en cada grupo, asi como de la asistencia por parte de los apneistas de mayor experiencia en superficie, se realizó un recorrido de aproximadamente 300 m a una profundidad máxima de 8 m, franjeando el arrecife sur del cayo. 

 Recorrido aproximado

Luego de realizar las inmersiones retornamos a tierra firme para culminar el taller con la Entrega de Certificados en la sede del CIAC-FUDENA.




Una muy grata experiencia con un magnifico grupo insaciable de conocimiento y con un gran ímpetu.

Formato: Taller Teórico-Práctico. 5 modulos teoricos y una salida de campo guiada al P.N. Morrocoy.
Objetivo: Promover la conciencia ambiental y la conservación a través de la transmisión de conocimientos y la interacción directa guiada con el medio marino.
Duración: 10 h teóricas-6 h prácticas.
Participantes: 17 personas
CONTACTOS PARA CURSOS Y TALLERES: fxpesca@gmail.com, anayranzo@gmail.com y a trves del formulario del BLOG.

Agradecimientos:

Al Colegio de Abogados del edo Lara, por cedernos sus espacios para la realización del evento.

Al CIAC-FUDENA, representado por Samuel Narciso (Director) y José Rafael Montañez (Coord Bioecologico), por todo el apoyo logístico e institucional.

Al Embarcadero Playa Norte, representado por el Sr José Montañez Montañez, Luis Enrique Montañez y Oswaldo, quienes prestaron el servicio de trasporte marítimo.

Finalmente, pero no menos importante, a Mercedes Duque por todo el apoyo antes, durante y después del taller.

Las Instituciones:


MasterSub-Lara. Club deportivo ecológico, con espíritu expedicionista aventurero, que busca el disfrute y mejor aprovechamiento del medio ambiente. Fundado a principios de la década de los 80’s con el nombre de UCLASUB y rebautizada formalmente en 2013 como club de submarinismo Mastersub-Lara, persigue la pasión que envuelve todo este maravilloso mundo subacuático diversificando su funcionamiento en el deporte, lo científico, lo recreativo, de manera organizada y lo más importante dar a conocer a las personas un ambiente total mente desconocido de forma consiente para que sean multiplicadores del amor admiración y respeto que requiere los ambientes naturales creando para esto gran espíritu de compañerismo y hermandad entre sus miembros.


Biocostas. Fue constituida como una sociedad civil, con el objetivo de proporcionar soluciones ambientales de calidad, desde la innovación técnica, tanto a la Empresa Privada como a las Comunidades y Administraciones Públicas. Fundada en 2008, promueve la participación activa de las comunidades en proyectos de investigación para la conservación, trabajando con variables ecológicas, económicas, sociológicas y productivas indispensables para el logro de un desarrollo armónico de la sociedad con la naturaleza.


CIAC-FUDENA. El Centro de Investigación y Atención Comunitaria de la Fundación para la Defensa de la Naturaleza, fue creado en 1988 y desde 1993 opera en instalaciones donadas por la Agencia Española de Cooperación Internacional, recientemente remodela con el apoyo de la Unión Europea. Tiene por objetivo prestar servicios de información y capacitación a las personas involucradas en la conservación y el desarrollo sostenible, así como la ejecución de estudios e investigaciones en torno a la problemática socio – ambiental. Su sede ubicada en Chichiriviche, edo. Falcón, alberga la 2da Colección Malacológica más grande del país al igual que el Museo Comunitario CIAC.

CLIC AQUI para descarga del material del taller (archivo comprimido con contraseña solo para los participantes del curso)


miércoles, 26 de agosto de 2015

EL HOMBRE Y EL OCEANO. Del encuentro al nacimiento de las Ciencias del Mar.

Cayo Sombrero, PN Morrocoy, edo Falcon, Venezuela
...La curiosidad es hija de la ignorancia y la Madre de todas las Ciencias...

Giambattista Vico
1668-1744



El momento exacto del encuentro del hombre y el mar es totalmente desconocido. Planteémonos este escenario:


Un grupo de primitivos humanos abandona las llanuras africanas en busca de zonas con mayor cantidad de recursos. Siguiendo el cauce de algún río, con el pasar del tiempo, se topan con un impresionante paisaje ante sus atónitos ojos, he ahí la inmensidad del mar azul

Por su puesto que el hombre ya conocía el medio acuático al haber habitado las riberas de lagunas y ríos, pero nunca antes habían presenciado un cuerpo de agua aparentemente infinito


No es difícil imaginar por qué el mar siempre ha despertado en el hombre una mezcla de temor y curiosidad. Las primeras incursiones del hombre en el mar quizás fueron para más para obtener alimentos que como medio de transporte.

Pescaba con arpón, con trampas y con redes a lo largo de las playas. Hacía su sedal de tiras de cuero, y su anzuelo de espinos o de huesos. Los moluscos eran abundantes, y no requería de más herramienta para abrirlos que una piedra. El mar representaba una barrera. La pesca mar adentro era desconocida para esos individuos, debido a la dificultad y los peligros que entrañaba aventurarse en el mar con pequeñas canoas y balsas. Posteriormente se dieron cuenta de que el océano era una senda abierta para viajar.



 

Las movilizaciones terrestres no eran muy fáciles en esos tiempos, reconsiderando que existían los peligros de enfrentamientos con tribus enemigas, que junto con lo agotador de cruzar a través de montañas y desiertos, comprometían en gran medida la travesía. Por otra parte el mar, se asomaba como una alternativa para aquellos con el valor y las habilidades para incursionar en las aguas. El mar estaba entonces reduciendo las distancias.


Esta situación pudo haberse dado en diferentes partes del mundo más o menos al mismo tiempo.


Todas las culturas tienen relatos y registros sobre su relación con el mar. Desde los esquimales hasta los fenicios, en cada zona costera habitada por el hombre se desarrollaron o adaptaron diferentes formas de hacerse a la mar. Canoas, kayaks, balsas, piraguas, dieron paso con el tiempo a embarcaciones más grandes y estables que permitían adentrarse cada vez más en el inmenso océano y  alcanzar mayores distancias.


Los datos históricos colocan a los pueblos de la cuenca del mediterráneo de hace unos 3.500 años, como los pioneros de la navegación en aguas abiertas. Los egipcios y cretenses desarrollaron técnicas de construcción de embarcaciones que posteriormente fueron adoptadas y mejoradas por los fenicios, quienes dominaron el comercio marítimo en el mediterráneo y más allá de las Columnas de Heracles.

Embarcacion egipcia


Embarcacion cretense

Navío fenicio
 

A medida que el hombre se adentraba en los mares, la inquietud por debelar los misterios de este desconocido mundo se iba acrecentando. Los primeros datos que debieron registrar los navegantes antiguos probablemente fueron referentes a la profundidad. En pinturas y murales egipcios con más de 3.000 años de antigüedad hay escenas de marineros que, desde sus embarcaciones, sostienen una cuerda con una pesa en el extremo para registrar las profundidades. De esta manera localizaban las aguas más profundas para poder navegar cerca de la costa. Por otra parte, era de suma importancia conocer la ubicación de las rocas y bancos de arena para evitar accidentes durante la navegación.


Mientras más estaba el hombre en contacto con los mares, más preguntas se le presentaban: ¿Por qué el mar es salado?, ¿Por qué cambian las mareas?, ¿Hasta dónde llega el océano?, ¿Por qué el nivel del mar no se incrementa con las lluvias y las descargas de los ríos? ¿Cómo se producen las olas? ¿Cómo respiran los animales marinos?


 Aristóteles


Muchas preguntas fueron respondidas a través de mitos asociados con las creencias religiosas, pero algunos pocos comenzaron a observar estos fenómenos naturales y buscar explicaciones más allá de la superstición. Los primeros datos que podría considerarse científicos estarían a cargo de los filósofos, sin embargo, los conocimientos limitados de la época, no podían concluir más allá de especulaciones.

El macedonio Aristóteles, padre de la biología entre otras ciencias, describió los primeros esbozos del ciclo del agua, deduciendo que "las lluvias incesantes y el flujo de los ríos no llegan a hacer crecer el nivel del océano porque el Sol evapora el agua, que se vuelve a condensar en forma de lluvia, estableciéndose un ciclo continuo que va del agua al vapor, y del vapor al agua otra vez”. Su interés por el estudio de los seres vivos se inclinó en gran medida hacia los animales marinos de los cuales realizo detalladas descripciones de su morfología, costumbres y ciclos de vida.

Estudió las características y el comportamiento de los peces, y en sus escritos dejó una interesante descripción sobre el desarrollo embrionario del pulpo y de la sepia o jibia. También se percató de que existen tiburones, a los que llamó gáleos, que ponen sus huevos en su interior y forman una especie de placenta. Por otro lado, separó de los peces verdaderos a las ballenas y delfines, al observar que estas dos especies respiraban aire. Además, estudió a las esponjas, las anémonas, algunos caracoles y el erizo, entre otros.

 
Serranus cabrilla
 

Murex brandaris
 

Aplisina aerphobia
 
Anemonia sulcata
 
Octopus vulgaris
 
Sepia orbignyana
 

Las observaciones realizadas por los navegantes y pescadores han sido desde los comienzos de los estudios de los océanos una gran fuente de información, que por otra parte compartían y divulgaban en cada puerto donde atracaban.

Estas observaciones podrían haber servido de base a pensadores como Pitágoras para desarrollar su teoría del movimiento de la tierra.


Los navegantes en su afán de descubrir nuevas rutas comerciales y territorios le han dado a las ciencias marinas grandes aportes. Nombres como Nearco,Piteas, Hanon y Claudio Ptolomeo son referencia obligada al hablar de la navegación en la edad antigua.





Claudio Ptolomeo


Mapamundi de Ptolomeo
  
Durante la expansión del imperio romano, los avances en el conocimiento del mundo marino se estancaron. A fin de evitar sublevaciones de los pueblos conquistados, destruyeron sus puertos y evitaron su reconstrucción obligando al mundo a regresar a la tierra. Por otra parte, el mayor daño que pudieron hacer los romanos a las ciencias y a la humanidad en general fue incendiar la Biblioteca de Alejandría, lugar donde reposaban más de diez siglos de conocimientos dentro de los cuales se encontraban escritos sobre las ciencias del mar. A partir de esta destrucción, las viejas leyendas y tradiciones volvieron a tomar fuerzas, y el conocimiento de los pensadores de Europa occidental decayó cada vez más. Sólo se mantuvo alguna inquietud científica en el cercano Oriente, donde ciertos hombres leían las obras griegas.

En ese periodo, la curiosidad griega, y fundamentalmente su afán por llegar a la verdad mediante el conocimiento se extinguieron. La ciencia dormitó por más de mil años, durante los cuales no hubo progreso alguno respecto al estudio del mar.

Ilustracion del incendio de la Bibiloteca de Alejandria

Otras culturas por su parte, también se habrían dejado atraer por el poderoso océano. Los pueblos nórdicos conocidos como Vikingos, fueron exploradores de gran afán y pericia.  Desarrollaron ágiles embarcaciones que les permitieron llegar acceder a tierras a las cuales otros no eran capaces o no se atrevían a llegar, de hecho, existen evidencias que sugieren intercambio comercial y asentamientos temporales de vikingos en el norte de América. Los exploradores nordicos mas afamados son Ohthere de Hålogaland -quien el el 890 d.C., habría navegado por la costa del mar blanco desde el norte de Noruega has alcanzar la Actual Inglarerra- y Erik Thorvaldsson "El Rojo", a quien se le atribuye el descubrimiento de Groenladia.

Erik El Rojo
Drakkar Vikingo

No fue sino hasta el siglo XIII, que los hermanos genoveses Ugolino y Guido Vivaldi, decidieron volcar sus miradas al inmenso océano en busca de una ruta marítima hacia la India y aun cuando no se sabe el rumbo o el destino final de la expedición luego de cruzar el estrecho de Gibraltar, abrieron paso a una nueva época de exploradores que desafiaban los temores difundidos durante el oscurantismo.

El siglo XV y el renacimiento estuvieron marcados por lo que se conocería como el inicio de la Era de los exploradores en Europa. Las exploraciones marítimas y el resurgimiento de las ciencias avanzaron de la mano. 

El Infante Enrique de Portugal, hijo del rey Juan I de Portugal, fue uno de los exponentes más destacados de exploraciones de su época. Fundó en Sagres, población situada en el Algarve, un Centro de estudios náuticos, geográficos y astronómicos, por el que pasaron los más destacados navegantes y cartógrafos de la época y desde donde el príncipe organizó diversas expediciones marítimas a las costas occidentales del continente africano, empresas que tenían una finalidad tanto comercial como evangelizadora.

Tras algunos viajes a las costas marroquíes y de reconocimiento de Madeira (1418) y las Azores (1.432), en 1.434, Gil Eanes bajo las órdenes de Enrique, inició la etapa de los grandes descubrimientos geográficos lusitanos al doblar el cabo Bojador, límite meridional de las exploraciones portuguesas en época medieval. Unos años más tarde, Nuno Tristão llegó al cabo Blanco (1443) y a la desembocadura del río Gambia (1.446).

La última expedición financiada por Enrique el Navegante culminó con el descubrimiento, en 1.456, de las islas de Cabo Verde y del río Senegal por Alvise da Cadamosto. Gracias al patrocinio del infante, las técnicas de navegación experimentaron un avance sin precedentes en Portugal, progreso que, algunos años después de su muerte, permitiría a Bartolomeu Dias doblar el cabo de Buena Esperanza y abrir una nueva ruta comercial a Asia bordeando las costas de África (1.487).



Enrique El Navegante
Sello postal comemorativo de Gil Eanes

Retrato de Nuno Tristão en el billete de 100 escudos de Ultramar Guinea

Bartolomeu Dias

El comercio seguía siendo la principal razón para aventurarse a la mar. Ya para esa época y quizás basados en interpretaciones de relatos de navegantes nórdicos o en las teorías consideradas heréticas de Galileo Galilei, existía ya la idea de podía haber un camino más corto para llegar a la India navegando hacia el oeste

En este sentido, Cristóbal Colón, comerciante de nacionalidad aun en discusión, logro convencer a los reyes de España para que financiaran una expedición que le daría a la corona exclusividad sobre una ruta marítima más corta para el comercio de especias. Con tres carabelas, zarpo de puerto de Palos en Huelva el 3 de agosto de 1.492 y luego de poco más de dos meses arribo a la isla Guanahani (San Salvador) creyendo equivocadamente haber llegado a costas asiáticas.

Entre 1.492 y 1.502, Colon realizo cuatro viajes que le otorgaron a la corona española una gran riqueza y poder gracias a los territorios conquistados.

Comenzaba la expansión de los imperios europeos a un continente hasta ahora desconocido por ellos. Cabe destacar que para Colon de hecho había llegado a la India y la idea se mantuvo hasta que Américo Vespucci, navegante y cartógrafo italiano comprobó que era un continente, y de ahí el nombre de América.



Cristobal Colón
Playa de Macuro, edo. Sucre Venezuela.
Este seria el paisaje que encontro Colón al llegar por primera vez al continente americano en su 3er viaje.


Americo Vespucci

Uno de los primeros Mapas de America como continente

En 1513, Vasco Núñez de Balboa luego de escuchar relatos sobre otro mar cruzando la selva de la actual Panamá, guio una expedición que resulto en el primer avistamiento por parte de los europeos de la costa oriental del ahora conocido como océano Pacifico, reclamo sus aguas para su rey y lo nombro Mar del Sur. Existía ahora un nuevo reto a superar, encontrar una ruta marítima al Pacifico.



El emperador del Sacro Imperio Romano, Carlos V, encargo la tarea de encontrar el paso al Mar del Sur al portugués Fernando de Magallanes. En septiembre de 1.519, luego de un fallido intento portugués de sabotear el viajela flota zarpó de Sevilla. El contingente pasó por el archipiélago de las Canarias, siguió viaje hasta la costa del Brasil y dobló luego hacia el sur, donde exploró el estuario del Plata. En la bahía de San Julián, Patagonia, la expedición se estableció para invernar, período en el que se perdieron dos naves, una por accidente y la otra por deserción; además, el marino hubo de sofocar un motín.

El 21 de octubre de 1.520 accedieron al estrecho que lleva hoy su nombre que les permitió rodear el continente americano. Poco más de un mes después, encontraban al otro lado un océano de aguas tranquilas (que recibiría luego el nombre de océano Pacífico), ante cuya vista el aguerrido navegante lloró de emoción.

Siguieron rumbo al norte, primero bordeando la costa de Chile para virar luego al noroeste hacia las que se conocen actualmente como islas Marianas (que bautizaron como Islas de los Ladrones), sin agua potable ni provisiones frescas, y con parte de la tripulación enferma de escorbuto. La llegada a aquellas islas les permitió reabastecerse y continuar explorando otras islas que conformaban el archipiélago que hoy lleva el nombre de Filipinas.

Fue en una de ellas, Mactán, donde Magallanes cayó herido de muerte en un enfrentamiento con los indígenas, con lo que se malogró su sueño de completar el primer viaje alrededor del mundo. 

Esta proeza correspondió al marino de origen vasco Juan Sebastián Elcano (capitán de la nave Concepción, abandonada cerca de la isla de Cebú). Bajo su mando la expedición completó su periplo, primero rumbo a las Molucas, para tocar tierra de España el 6 de septiembre de 1.522; arribó una sola nave, la Victoria, con dieciocho supervivientes a bordo y un cargamento de especias.

Aun en la actualidad, la empresa de casi tres años y que recorrió más de 46.000 nm efectuada por Magallanes y su tripulación, es considerada la proeza más grande en la historia de navegación, siendo el primer registro de circunnavegación del orbe a través de aguas hasta entonces desconocidas.

Fernando de Magallanes
Juan Sebastián Elcano

Ruta de la Gran Travesia Magallanes-Elcano

La era de los Descubrimientos, fue un nuevo empuje para el avance de las ciencias en general, pero sobre todo de las ciencias relacionadas con el mar. 

De ahí en adelante, la geografía, la navegación, la ingeniería y la biología tuvieron una evolución no vista desde la era dorada de los helenos. Se desarrollaron nuevos y mejores diseños y técnicas de construcción de embarcaciones; la cartografía incorporo mares y tierras indocumentadas que permitieron estructurar un conocimiento más completo sobre el planeta; y  se realizaron estudios sobre la identificación, clasificación y distribución de los seres vivos en el océano. 

En relación los estudios de la vida, uno de los aportes más importantes en este particular, fue la sistematización de la clasificación de las especies en función de sus características.

La taxonomía tal como la conocemos hoy, tuvo sus inicios en los trabajos de naturalistas dedicados principalmente a la botánica. El también explorador francés, Joseph Pitton de Tournefort al igual que el británico John Ray, plantearon es sus escritos los concepto de conceptos de Genero y Especie que posteriormente fueran perfeccionados por el sueco Carl von Linné en su definición del sistema de Nomenclatura Binomial, utilizado hasta nuestros días.



Joseph Pitton de Tournefort


John Ray


Algunas especies marinas descritas por Linneo

Peje Burro. Anisotremus virginicus
Atun Aleta Azul. Thunnus thynnus
Mero Cabrilla. Epinephelus fulvus

Lima lima

Botuto. Strombus gigas

Nautilus pompilius

Millepora alcicornis

Diploria labyrinthiformis

Gorgonia ventalina






El auge de de las incursiones del hombre en el mar y la fuerte competencia por su conquista y dominio, permitió que no solo el pensamiento mercantilista estuviera asociado a las exploraciones, sino que además abrió un mundo de posibilidades para aquellos pensadores que veían en los misterios oceánicos la más grande de las posibilidades de enriquecer el conocimiento. 

Los trabajos científicos se multiplicaron. Se crearon sociedades científicas, como la Royal Society de Londres, en donde se discutían las contribuciones de los hombres de ciencia. Esta sociedad tenía el fin expreso de profundizar el conocimiento de la naturaleza y de realizar un estudio metódico del océano; algo de gran beneficio tanto naval como filosófico.

Durante el siglo XVIII el protagonismo de las exploraciones estuvo en manos de los británicos. Entre 1764 y 1795 la Royal Navy emprendió unas diez expediciones con fines de de índole científico. Los navíos HMS Dolphin, HMS Swallow, HMB Endeavour, HMS Resolution, HMS Adventure, HMS Racehorse, HMS Carcass, HMS Discovery, HMS Providence, HMS Assistant, HMS Chatham, sirvieron como instrumento para que hombres como John Byron, Samuel Wallis, Constantine Phipps, James Cook, Sir Joseph Banks, Charles Green, Sydney Parkinson, Daniel Solander, Tobias Furneaux, William Anderson, Johann Reinhold Forster, Georg Forster, George Vancouver, Charles Clerke, Archibald Menzies, Alexander Cranstoun, realizaran sus observaciones y descubrimientos.

El Cap. Phipps a bordo del HMS Racehorse, fue el primero en tomar una muestra del sedimento del océano profundo, a unos 1.250 metros de profundidad y por su parte el famoso Cap. Cook en diferentes expediciones logro compilar la mayor parte de la información oceanográfica existente.

Modelo escala del HMS Racehorse
Constantine Phipps

James Cook

Modelo escala del HMB Endeavour, uno de los buues comandados por el Cap. Cook durante sus viajes exploratorios para la Corona Britanica

En 1831, J.S. Henslow propuso a Charles Darwin participar en un viaje de circunnavegación a bordo del Beagle —buque de la marina real inglesa al mando del capitán R. Fitzroy—, en calidad de naturalista, puesto que así podía coleccionar, observar y anotar todo lo que fuera digno de ello. Darwin se entusiasmó con tal propuesta. Después de dos intentos por zarpar, debido al mal tiempo, el Beagle emprendió por fin su viaje de investigación el 27 de diciembre de 1831. La travesía, prevista para dos años, duró sin embargo cuatro años y nueve meses. El Beagle regresó a su punto de partida en octubre de 1836.

Durante ese tiempo Darwin visitó, principalmente, Tenerife y Cabo Verde; las costas de Brasil, Uruguay, Argentina, Tierra de Fuego y Chile; el archipiélago de las Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Tasmania y las islas Maldivas, Mauricio, Santa Elena, Ascención y Azores.

Estos recorridos le permitieron recoger un abundante y variadísimo material, así como realizar observaciones, fundamentalmente de la fauna y flora, tanto actual como fósil, al igual que estudios sobre geología y mineralogía. Todo esto constituyó la base de su ulterior actividad científica, cuyos resultados significaron una aportación para la oceanografía, la biología y la ciencia en general.


Retrao de un Joven Darwin, como debió verse en la epoca que navego en el Beagle

Ruta del Beagle

Entre 1839 y 1843, los barcos Erebus y Terror exploraron el Océano Antártico bajo las órdenes de sir James Ross, de la Armada Real Británica. Estas expediciones fueron muy importantes, pues se sondearon las grandes profundidades, de donde se obtuvieron varios ejemplares biológicos. Se considera que tales estudios son los primeros que se efectuaron en las zonas mencionadas.

En 1841, el naturalista inglés Edward Forbes llevó a cabo su quinta expedición científica en el océano a bordo del barco explorador Beacon. Forbes coleccionó ejemplares marinos en el este del Mediterráneo y, después de estudiar sus descubrimientos por más de un año, en 1843 anunció que en ese lugar había identificado ocho zonas, cada una con sus propias especies de plantas y animales.

Afirmó que mientras más profunda era el agua, era menor el número de especies que podían encontrarse, y que a profundidades de más de 300 brazas debía existir una zona azoica, es decir, carente de vida. Posteriormente, se comprobó que la vida animal era abundante a 400 brazas de profundidad.

Forbes también estudió los organismos marinos contemporáneos colectados en diversos mares del mundo; además se le considera pionero de la biología marina moderna y uno de los fundadores de la oceanografía biológica. Cuando demostró que el abismo contenía en realidad seres vivientes, se abrió un nuevo campo de investigación, puesto que los hombres de ciencia no comprendían el hecho de que existiera vida en un lugar carente de luz y calor.

Edward Forbes


En 1862, Charles Wyville Thomson, joven escocés discípulo de Forbes, sugirió al gobierno inglés que patrocinara una expedición para investigar las profundidades submarinas. Seis años después, en 1868, se puso a su disposición un pequeño bajel, el Lightning, en el cual hizo un viaje de dos meses por el lado oeste del Atlántico, donde obtuvo animales en zonas situadas a 1 700 metros de profundidad. Al año siguiente usó un barco más grande, el Porcupine, desde donde introdujo dragas a casi cinco kilómetros de profundidad; del abismo sacó un gran número de animales: cangrejos, gusanos, calamares, pulpos y peces que nunca se habían visto.




Fauna Abisal


El éxito de las expediciones del Lightning y del Porcupine, así como el creciente interés por las profundidades del mar y biología, llevó a la preparación del primer viaje, con objetivos exclusivamente de investigación oceanográfica: el del barco Corbeta Challenger, de 2 300 toneladas, equipado con velas y con un motor auxiliar de motor. Lo capitaneaba Georges S. Nares, y Wyville Thomson encabezaba al personal científico de la expedición, que salió de Inglaterra en 1872 para empezar su viaje alrededor del mundo.

El barco contaba con dos laboratorios, uno de química y otro de biología, equipados con los instrumentos más modernos de su época. También tenía una biblioteca, en la que se reunió la mayor parte de las publicaciones existentes sobre el mar.

Durante los casi cuatro años que duró el viaje (7 de diciembre de 1872-26 de mayo de 1876) el HMS Challenger navegó 127.600 kilómetros. Recorrió el Atlántico de ida y vuelta y, en virtud de que permaneció gran parte de ese tiempo en altamar —exactamente 727 días—, su travesía constituyó la expedición científica más prolongada hasta entonces.
Los científicos del Challenger trabajaron en 362 estaciones que reunieron muestras biológicas de agua y del lodo del fondo, y registraron las temperaturas a diferentes profundidades.

La cuestión más interesante del trabajo fue que en esas zonas se recogió una multitud de seres extraordinarios, y a veces grotescos, así como millares de especies desconocidas, probándose que los abismos están habitados.

Después del regreso del Challenger, Thomson y sus colegas ordenaron los descubrimientos científicos hechos durante el viaje para publicarlos. Los resultados de los mismos se reunieron en 50 grandes volúmenes, editados por el gobierno británico, en los cuales se describieron 4.717 especies marinas nuevas, además de datos físicos del océano. Esta obra constituye uno de los mejores aportes de una expedición científica marina, pues proporcionó bases sólidas para crear la oceanografía como ciencia.

Ese trabajo puso en relieve que, para comprender integralmente la vida existente en el mar, es esencial tener un conocimiento exacto de las condiciones físicas del océano. Desde entonces, la oceanografía se ha desarrollado de una manera que ha puesto en evidencia la relación entre las ciencias biológicas y físicas. Algunos autores consideran a Matthew Fontaine Maury como el fundador de la oceanografía física.

Algunas ilustraciones de la fauna marina encontrada por las expediciones de Challenger y compiladas por Thomson















 

Después de la del Challenger hubo otras exploraciones semejantes, como la del vapor Tuscarora, perteneciente a Estados Unidos de América y cuyo personal científico investigó el fondo del Océano Pacífico. Con las muestras de los fondos marinos tomadas del Challenger y otros barcos, sir John Murray realizó los estudios que fueron la base de la oceanografía geológica.

Estas travesías fueron patrocinadas por los gobiernos y, en ocasiones, por empresas privadas de científicos acaudalados, entre los que destaca Alexander Agassiz (1835-1910), ingeniero de minas que usó buena parte de su fortuna para estudiar el mar. Valiéndose de sus conocimientos de ingeniería, Agassiz diseñó y perfeccionó aparatos de investigación oceánica; por ejemplo, elaboró redes muy especiales y equipo de muestreo que, en algunos casos, siguen empleándose en la actualidad.

Agassiz se interesó particularmente en la geología marina y su aplicación en la minería. Realizó extensos estudios sobre los sedimentos del fondo del Océano Pacífico y sobre la topografía submarina del Caribe.

Otro oceanógrafo acaudalado del siglo XIX fue el príncipe Alberto I de Mónaco (1848-1922), cuyas investigaciones —realizadas durante una serie de viajes a bordo de barcos generalmente bien equipados— contribuyeron con muchos datos nuevos al conocimiento de la biología marina. Utilizando botellas que dejaba a la deriva, este monarca aportó información sobre la dirección de las corrientes oceánicas y, junto con renombrados cartógrafos, trazó el primer mapa batimétrico de los océanos.

En 1885 efectuó numerosas campañas oceanográficas por el Mediterráneo, a bordo de su yate Hirondelle, y más tarde empleó yates más grandes, como el Princesse Alice y Princesse Alice II, de los cuales fue capitán y científico.

El príncipe Alberto se preocupó además por el uso de los conocimientos oceanográficos en torno a la pesca: creó métodos para lograr una mejor captura de peces, como un sistema de luces eléctricas submarinas para atraer también a otro tipo de especies. No satisfecho con todo esto, hizo construir el magnífico y famoso Museo Oceanográfico de Mónaco, en el cual instaló un extraordinario acuario. Fundó otras instituciones científicas, como el Instituto de Oceanografía de París, y contribuyó a la formación del de la Sorbona de París.

A finales del siglo XIX, las expediciones continuaron. Las de más éxito fueron realizadas por los barcos franceses Travailleur y Talisman, que navegaron por el Mediterráneo y el oriente del Atlántico, desde 1880 hasta 1883. Cada barco era un laboratorio flotante: llevaba personal científico y estaba equipado para examinar y registrar todo lo que recogía del océano.

Uno de los mayores servicios prestados a la oceanografía de esta época fueron los de C.R. Dittmar, quien definió las principales sales que forman el agua del mar, iniciando con esto, propiamente, la oceanografía química.

A partir de los trabajos del siglo XIX se consolidó la oceanografía como ciencia, con sus cuatro ramas fundamentales: la biológica, la física, la geología y la química. También se desarrolló una tecnología que permitió construir el equipo para obtener y registrar las muestras marinas. Gracias a esto, el establecimiento de laboratorios costeros donde se analizaban los conocimientos sobre el mar cobró gran ímpetu.

La rápida evolución de la actividad pesquera, ocasionada por la aparición de los barcos de vapor y de las redes de arrastre a finales de esta época, hizo necesario el hecho de iniciar investigaciones oceanográficas sistemáticas que apoyaran a esta actividad, con el fin de que las capturas se hicieran de manera racional y dieran pie a la organización de instituciones cuyo objetivo fuera el de aportar la mayor información relacionada con este problema, como es el caso de la Cámara de Pesquerías Escocesas, la Comisión de Pesca de Estados Unidos y el Congreso Internacional para la Exploración del Mar, creado este último por el rey de Suecia en 1901. Todo esto fue el inicio de la investigación pesquera.

La gran actividad en este periodo de la oceanografía no fue uniforme, pero se trabajó para establecer las bases de la oceanografía actual y, sobre todo, para fundar las ciencias del mar.

Foto tomada durante la campaña de investigacion Ago-2008 del Estudio de linea base para el ordenamiento Pesquero de Isla la Tortuga, Venezuela